Icónico, resistente y con una presencia tranquila, el Árbol de jade (Crassula ovata) es de esas plantas que siempre quedan bien. Sus hojas carnosas, redondeadas y de un verde intenso, a menudo con un delicado borde rojizo, guardan agua en su interior, lo que lo convierte en una opción perfecta si buscas una planta bonita y poco exigente. Ideal para interiores luminosos, escritorios y estanterías, y también para terrazas protegidas. Cómo cuidar Árbol de jade Luz: mucha luz indirecta y, si es posible, algunas horas de sol suave (mañana o tarde). Con buena luz mantiene su forma compacta. Riego: muy moderado. Deja que el sustrato se seque por completo antes de volver a regar. En interior, suele bastar con cada 2–3 semanas (menos en invierno). Crecimiento: lento pero constante; con el tiempo puede volverse más “arbustivo” y alcanzar buen tamaño si tiene luz y espacio. Fertilizar: 1 vez al mes en primavera y verano (dosis suave). Temperatura: ideal entre 15 y 26°C. Evita heladas y frío intenso (por debajo de 10°C mejor protegerlo). Mini Tip: si quieres que crezca más frondoso y con forma de “arbolito”, poda ligeramente las puntas en primavera. Y si ves hojas arrugadas, suele ser señal de sed; si amarillean o se ablandan, normalmente es exceso de riego. Curiosidades: se asocia a menudo con la prosperidad y la buena suerte, y además es facilísima de multiplicar: una hoja o un pequeño esqueje pueden enraizar y empezar una nueva planta. Apodos: Árbol de jade, Planta del dinero, Crásula. *Tóxica en caso de ingesta (mascotas y niños).