¿Cómo crecer creyendo en un Dios que es Padre misericordioso cuando la figura del propio padre —biológico o adoptivo— nos ha podido herir tanto? Y, sin embargo, la experiencia del propio padre es la que, para bien o para mal, nos queda grabada en el corazón y con relativa frecuencia la proyectamos en Dios. Es necesario poner la mirada en Dios para descubrir al Padre, no en el padre para encontrar a Dios. Cada capítulo es una meditación sobre el camino del hijo pródigo hacia su padre, del camino de cada uno de nosotros hacia Dios Padre. La parábola ayuda a ilustrar escenarios, a empatizar con la experiencia humana de quien lo ha perdido todo lejos de Dios y ha vuelto a encontrarse de modo diferente, no como un forastero rechazado y olvidado, sino como un hijo amado por el Padre compasivo y misericordioso. Quizá tu camino sea parecido al de él, tal vez incluso un reflejo actual de la parábola.