el álbum Getting Killed de Geese es una descarga eléctrica de inquietud y bravura. su primer tema arranca con un grito: “there’s a bomb in my car”, y a partir de ahí se despliegan saxofones descoyuntados, guitarras afiladas y grooves que no piden permiso. la banda se deshace de estructuras rígidas y abraza la repetición y el caos como motor: en “100 horses” el general pronuncia “all people must die scared or else die nervous”. la voz de Cameron Winter oscila entre el murmullo introspectivo y el estallido punk, mientras bajo y batería marcan el compás de una modernidad rock que no se disculpa. aunque en ocasiones la exploración sonora puede sentirse críptica, el resultado es uno de los registros más audaces del año: un álbum que desafía, conmueve y permanece.