Manuela salió a una calle de Madrid con unas tijeras. Quería defenderla de las tropas de francesas. Acababa de cumplir 17, era costurera y solo tenía unas tijeras. Unas tijeras de costura contra un ejército entero. Fue suficiente, porque todas las mujeres salieron a defender Madrid de la traición de Napoleón. Calle a calle, plaza a plaza, barrio a barrio… Y los hombres y los adolescentes, como gatos, subieron por los tejados para correr la voz más rápido que las tropas. Y todo Madrid se levantó para defenderla con lo que tenían a mano. Piedras, muebles, macetas… porque solo así se recupera una ciudad entera. Madrid volvió a ser de los madrileños. Y unos se lo contaron a otros y el resto de ciudades también se levantaron y defendieron sus calles, sus plazas y sus barrios. Y así, España volvió a ser nuestra. Manuela Malasaña murió un día cualquiera, el 2 de mayo de 1808 en la calle de Madrid que hoy lleva su nombre, y donde siempre hay alguien brindando por ella. Gracias Manuela, sólo necesitábamos tus tijeras.