Con una estética más fragmentada y táctil, esta obra agrupa cinco formas orgánicas que juegan con distintas intensidades de verde, beige y azul marino. La superposición entre algunas manchas genera un efecto de collage moderno, donde las texturas y los contornos irregulares aportan dinamismo. El resultado es una pieza contemporánea que celebra la imperfección y el contraste. Su equilibrio radica precisamente en su falta de simetría: cada elemento ocupa su lugar como si hubiera sido depositado allí por azar… pero con intención. Recomendada para un pasillo amplio o una entrada con luz natural. Su capacidad para equilibrar minimalismo con expresividad la convierte en una obra versátil y con mucha presencia.