Proterosuchus fergusi es un arcosauriforme basal del Triásico Inferior, conocido por su aparición poco después de la gran extinción del Pérmico–Triásico, hace aproximadamente 252 millones de años. Sus fósiles han sido hallados en la Formación Katberg del Grupo Beaufort (Sudáfrica), específicamente en la zona bioestratigráfica de Lystrosaurus, una de las más tempranas del Triásico. El primer ejemplar fue descrito por Broom en 1903, pero debido a la mala conservación del holotipo, un neotipo (RC 846) fue propuesto y aceptado por Ezcurra y Butler en 2015. Morfológicamente, Proterosuchus presentaba un cráneo largo y bajo, con un hocico notablemente curvado hacia abajo, producto de un premaxilar elongado que se proyectaba más allá de la mandíbula inferior. Esta estructura es uno de sus rasgos más distintivos y ha sido objeto de diversas interpretaciones funcionales, desde defensa hasta manipulación de presas. El cráneo podía alcanzar hasta 50 cm de longitud, lo que sugiere que animales adultos podían medir entre 2,5 y 3,5 metros de largo total. La dentición era del tipo ziphodonta: los dientes eran curvados hacia atrás, comprimidos lateralmente y presentaban bordes aserrados. Había entre 7 y 9 dientes premaxilares, y hasta 30 en el maxilar por lado. Esto indica que era un depredador activo, probablemente generalista, capaz de capturar presas de tamaño medio a pequeño, posiblemente incluyendo anfibios y sinápsidos pequeños. En cuanto a su posición evolutiva, Proterosuchus fergusi es considerado uno de los arcosauriformes más basales, situándose en la base de la radiación que dio lugar a formas posteriores como Erythrosuchus y eventualmente a los arcosaurios verdaderos (incluyendo dinosaurios, pterosaurios y cocodrilos). Su morfología intermedia entre diápsidos primitivos y arcosaurios avanzados ha sido clave para entender el origen temprano de este grupo. Estudios recientes de histología ósea y desarrollo craneal (Botha-Brink & Smith, 2011; Ezcurra & Butler, 2015) han mostrado que Proterosuchus crecía rápidamente durante las primeras etapas de su vida, con un esqueleto que se modificaba significativamente durante su ontogenia. En ejemplares juveniles, por ejemplo, el hocico curvado está menos desarrollado, y el número de dientes es proporcionalmente menor, mientras que en adultos la curvatura nasal se acentúa y el cráneo se vuelve proporcionalmente más alto. En lo funcional, Proterosuchus ha sido interpretado durante mucho tiempo como un animal semiacuático, por la posición de sus fosas nasales, la forma general del cráneo y la comparación con cocodrilos modernos. Sin embargo, estudios de endocráneo digitalizados mediante tomografía computarizada (Brown et al., 2020) revelaron un oído interno con canales semicirculares orientados de forma que sugiere una postura con la cabeza ligeramente elevada, y un cerebro con estructuras compatibles con una vida más terrestre. El canal coclear largo y especializado indicaría también una sensibilidad auditiva a frecuencias bajas, lo que pudo haber sido útil para detectar presas o depredadores. Aunque aún no existe una monografía completa del esqueleto de Proterosuchus fergusi, numerosos autores han descrito distintos aspectos de su anatomía, incluyendo el cráneo, las vértebras, la cintura escapular y la pelvis. Su locomoción se interpreta como cuadrúpeda, con miembros bien desarrollados y una postura algo extendida pero más elevada que en reptiles más primitivos, lo que le habría permitido desplazarse eficazmente tanto en tierra como, posiblemente, en ambientes húmedos o cercanos a cuerpos de agua. Medidas aproximadas del Proterosuchus: Escala 1:20 Completa Longitud 97 mm Altura 27 mm Ancho 66 mm Longitud hocico-cola 175 mm