Sami Kallio coloca linóleo sobre roble macizo y resuelve la mesa de comedor más honesta que existe. El finlandés entiende que los materiales no necesitan disfrazarse: la madera respira, el linóleo protege, ambos envejecen con dignidad. Doscientos centímetros de superficie que no prometen nada más que décadas de servicio sin aspavientos.